No parir

Elijo gestarme y parirme a mí misma, ahora, una vez más.
En eso estoy.
Tampoco deseo maternar ahora.
Cuando lo dije a los 19 años, después de abortar, nadie me creyó, pero claro, todavía podía cambiar de idea. Luego, alrededor de los 30 tuve ciertos deseos maternales pero se diluyeron pronto.
Hoy, con 39, lo ratifico y he sentido miradas reprobatorias e incluso cierta condescendencia de quienes creen que voy a cambiar de idea o me voy a arrepentir.
Me parece egoísta tener hijes para no estar sola o para ser feliz. Yo nunca más voy a estar sola, lo se, y en la felicidad individual no creo, por eso soy militante política.
Tampoco necesito tener descendencia, me basta con aportar a la transformación de los espacios que habito y con tener compañeres que me reciben con amor en todos los rincones que deseo abrazar. Esa construcción se parece a la idea de tener hijes, además, y es ahí donde pongo el cuerpo.
Y no estoy explicando mi decisión, simplemente leo que por mucha deconstrucción que transitemos colectivamente, la maternidad sigue siendo sacralizada y es necesario verla de otro modo, como la elección que debe ser y, sobre todo, respetar a la compañera que comparte su decisión.

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