Una compañera, con la que tenemos grandes diferencias, discusiones y acuerdos, me dijo que hace cinco años, cuando nos conocimos, sintió que podía confiar en mí y que esa sensación no ha hecho más crecer. Para retribuirle el mimo, le conté que en ese mismo encuentro, en medio de los incidentes que hubo, yo había sentido que si la tenía a ella cerca, todo iba a estar bien y que eso no ha cambiado.
En aquel momento nos leímos mutuamente, de manera superficial y distante, pero de algún modo nos supimos complementarias.
En aquel momento nos leímos mutuamente, de manera superficial y distante, pero de algún modo nos supimos complementarias.
La confianza política se construye y sostiene todos los días en cada decisión, y puede romperse de un momento a otro sin que eso signifique fragilidad, pero ¿se puede construir sin involucrar subjetividades y percepciones? Creo definitivamente que no y no es tibiamente como me interesa militar; lo que entre nosotres llamamos ‘vieja política’ es también la prepotencia autoritaria de querer armar espacios a los sopapos. No. La política de macho viejo no va más, aun cuando ciertas coyunturas indiquen lo contrario, no da para más.
Valorarnos, reconocernos, cuidarnos entre nosotres es lo que nos permite discutir durante horas y después compartir una birra, reírnos y abrazarnos con la misma intensidad con la que defendemos nuestros argumentos. Es la certeza de que sin confianza y sin amor, no es posible construir nada.
Con las compañeras y para las compañeras o nada.

Comentarios
Publicar un comentario