Relajáte y gozá

A los 7 u 8 años, en un balneario público, alguien me metió la mano adentro de la malla. Cuando me di vuelta, asustada, había varios pibes de entre 12 y 15 años. No pude saber cuál de todos había sido. Tampoco lo pude contar en el momento, por vergüenza.
Un tiempo después, el marido de una amiga de mi madre me susurró "Ay ya le están creciendo las tetitas", sin que nadie lo oyera, obvio. Todavía recuerdo el asco y la bronca que me dio su mirada y el tono en que me habló, pero una vez más no lo pude contar.
A los 12, volviendo de la escuela con otras compañeras, un tipo pasó en bicicleta y nos mostró su pene. Varias veces.
Durante la adolescencia, una vez casi le quebré los dedos a uno que me metió la mano abajo de la pollera, en un boliche. Harta de que nos tocaran 'de pasada', esa vez reaccioné rápido, le retorcí la mano y lo insulté. Recuerdo el alivio de "haberme vengado".
Ya cerca de los 20, vinieron cosas peores que sólo voy a sintetizar en: novio violento, relaciones sexuales forzadas (Relajáte y gozá!), aborto clandestino, médico manoseador, policías preguntando "y vos qué le hiciste?" y encubriendo al violento... A fines de los 90's no existía la violencia de género como tal, y yo pude sanar tiempo después, cuando supe ponerle nombre a algunas cosas.
Y podría seguir describiendo situaciones similares a lo largo de mis 38 años.
Todo esto tiene algo en común: varones creyéndose dueños de mi cuerpo, de nuestros cuerpos, sosteniendo la cultura de la violación y aplicando graciosamente eso de 'Relajate y gozá'.
No se puede tener miradas leves sobre ningún tipo que siga sosteniendo esto. Y quienes lo avalan -o dejan pasar- son cómplices.
Que se pudran los Cachos, Machos y Fachos.
Que se queden sin espacios y sean recordados como basura, porque eso son.


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